Lebensmensch
12 de Diciembre.- Lo primero es lo primero. Felicitar a mi hermano, lector de este blog, por su trigésimo primer cumpleaños. Que cumplas muchos, campeón.
Después: en esta época del año, además de los villancicos, florecen las valoraciones retrospectivas. La gente busca, compara, y da su opinión sobre lo que más ha marcado estos últimos trescientos cincuenta días. Sale Obama, sale el ocaso económico (Grecia, en un futuro no muy lejano, puede estar en España) y salen los muertos ilustres, cómo no.
En Austria, se ha hecho una encuesta y ha salido que la palabra del año ha sido “Lebensmensch”. Un término (algo así como persona vital) de muy difícil traducción, puesto que no creo que se usase mucho antes de la rueda de prensa que dio Petzner, el sucesor de Haider, tras la piña mortal. Así describió él, lloroso, a quien se le había ido, diciendo que había perdido a su Lebensmensch.
Un término que desató todo tipo de rumores carentes de piedad (en opinión de Claudia Haider que, en vida de su esposo, tampoco es que hiciera gala de mucha, la verdad). Todos los austriacos con conexión a internet se lanzaron a google para averiguar qué quería decir exactamente la dichosa palabreja. Al no encontrar nada y ver que los sollozos del pobre Petzner se volvían menos ocultables cada día (ver post Princesas vs. Personas), habló la voz del pueblo.
Y ya sabemos lo que dijo.
Otra historia que yo había dejado colgando es la de Flick, el famoso muchimillonario cuyo cadáver fue robado del panteón familiar. Pues bien: también ha dado que hablar este muerto durante estos últimos días. Después de personarse en diferentes domicilios particulares de Burgenland (guiada por una cantidad de llamadas anónimas) la Bundespolizei ha recibido por fin noticias fehacientes de los ladrones de tumbas. Los avispados chantajistas piden un cerro de euros –una obscenidad- a cambio de la devolución de los restos del malogrado ricachón. Se dice que la razón del robo podría estribar en el ADN del difunto, una mercancía valiosísima en estos tiempos que corren de pruebas de paternidad y cosas de esas. En malas manos, un mechón de pelo, un diente o una uña, pueden ser deletéreos para un fortunón como el de los Flick.
Lo que sí está claro es que el hombre, en su estado actual, resulta ideal como rehén: ni come, ni bebe y es muy dudoso que pudiera escapar por sus propios medios. En resumen: un chollo.
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